política de cookies

Utilizamos cookies para facilitar el uso de nuestra página web.

Las cookies que utilizamos no almacenan dato personal alguno, ni ningún tipo de información que pueda identificarle. En caso de no querer recibir cookies, por favor configure su navegador de Internet para que las borre del disco duro de su ordenador, las bloquee o le avise en caso de instalación de las mismas. Para continuar sin cambios en la configuración de las cookies, simplemente continúe en la página web. Al visitar nuestra página web, acepta la instalación de estas cookies en su dispositivo.

x
Bitendian logo

¿Qué es la obsolescencia programada?

obsolscencia programada

De pocos términos se habla tanto en estos días. Y es que la obsolescencia programada afecta no solo a los electrodomésticos, sino también a la vida útil de casi todos los bienes de consumo.

Los expertos afirman que la obsolescencia programada comenzó a aplicarse en la década de los años 30 a los aparatos electrónicos, pero hoy en día se habla de su uso en automóviles, zapatos, medias, ordenadores y otros muchos productos.

Pero, ¿por qué surge la necesidad de aplicar obsolescencia programada? Hay que remontarse a 1880 para explicarlo: en ese año, Thomas Alva Edison inventó la bombilla incandescente, con una duración de 1.500 horas. Por medio de varias investigaciones, se logró que su duración fuera de 2.500 horas. Poco después, los fabricantes se dieron cuenta de que, al ampliar la duración, se vendían menos unidades y volvieron a fabricar bombillas con una duración de 1.500 horas o menor. Esta fue la primera vez que se utilizó la obsolescencia programada.

A partir de los años 30 del siglo pasado, y con la crisis económica mundial tras el crack de la bolsa de 1929 y los conflictos armados en Europa en plena ebullición, las fábricas comenzaron a llevar esta filosofía a otros productos: incluso se llegó a pensar en crear una ley que obligase a fabricar con una duración máxima.

Esto se puede aplicar a objetos que se utilizan en la vida diaria. Las medias que usan las mujeres, duraban mucho más de lo que lo hacen ahora, cuando por la evolución en los tejidos y en los procesos, debería ser al revés. En el caso de las impresoras, algunos estudiosos apuntan que llevan un chip incorporado para que se estropeen cuando alcancen un número de páginas impresas. Además, se añade que repararlas es mucho más caro que comprar otras.

¿Qué ocurre en el caso del hardware y el software? Por ejemplo, el iPhone 4 no soporta el iOS 8. Los usuarios de ese modelo de smartphone tienen ahora dos opciones: o no actualizar el sistema y las aplicaciones, que se ralentizaron, o cambiar de aparato.

Así, el software es el responsable de dejar inoperativo el hardware, a través de nuevas versiones del sistema operativo: el fabricante decide no actualizar más ese y cambiar a otro (dejando a los usuarios desprotegidos, si aparecen nuevas vulnerabilidades), forzando la migración a la siguiente versión y, con toda probabilidad, viéndose obligado a adquirir un nuevo hardware.

Pero no solo se consigue a través de los sistemas operativos. También funciona con los drivers que comunican los hardwares. Por ejemplo, si se adquiere un nuevo disco duro, es fácil que los drivers estén diseñados para instalarlo en las últimas versiones del sistema operativo, pero no en las más antiguas.

Los programas informáticos también tienen mucho que ver en la obsolescencia programada y en forzar el cambio en los equipos. Es verdad que están concebidos como sistemas en constante evolución, pero también es cierto que las nuevas versiones suelen requerir una determinada memoria, dejando inoperativos los sistemas anteriores.

Otra de las formas en que el software puede dejar inoperativo el hardware es con los formatos de archivo. En el caso de Word, los documentos antes utilizaban la extensión .doc. Ahora utilizan la .docx, que no puede ser abierta con los Word más antiguos.

La obsolescencia programada no es más que una forma de lucro de los fabricantes. No ofrece ninguna ventaja a los usuarios y supone el cambio de un producto que cumple correctamente su función. Además, también es dañina para el medio ambiente: se generan más residuos que, en muchas ocasiones, son difíciles de eliminar.